domingo, 2 de febrero de 2014

PARTO NATURAL SIN DOLOR

Héctor mi primer hijo
Nació por parto natural sin epidural
(En la foto tenía tres meses)


Parto natural sin dolor, os preguntareis ¿Es posible?
Y la respuesta es sí.
Sólo tenéis que seguir vuestro instinto, sentir las necesidades de vuestro cuerpo, dejad que os hable, acompañar sus pasos.

No tener miedo al parto es fundamental, quizás en esto jugaba con ventaja porque tanto mi madre como mi abuela siempre me han dicho que parir es muy fácil, que no te enteras.
Así que ¿por qué mi parto tenía que ser de otro modo?  
Y así fue.

EL PARTO DE HÉCTOR

La noche del parto antes de ir al hospital fui varias veces al baño, tenía la sensación de querer salir de mi cuerpo, sensación que aumentó al ducharme así que decidí que lo mejor era ir al hospital, Sant Joan de Deu.
Cuando llegamos sólo había dilatado de tres centímetros nos querían mandar para casa pero vomite y como había una habitación libre nos dejaron quedar, así que me subieron a planta.
La enfermera que nos acompañó me dijo que tratara de dormir pues eran las doce y media de la noche y que mi bebé seguro que no nacía hasta las nueve de la mañana.
En ese momento me descontrolé y me asuste por primera vez porque no era lo que sentía yo quería pujar ya es decir apretar y expulsar a mi bebé pero me decían que eso no era así. Pero claro mi cuerpo no estaba equivocado y la enfermera sí, en cuanto se marcho me dio una contracción fuerte y en la siguiente que también fue fuerte rompí aguas.
Una cosa muy curiosa es que oyes el chasquido de la bolsa al romperse.

Le dije a mi marido:

- Mira, yo no quería epidural, pero si esto va ha ser así hasta las nueve de la mañana... que me la pongan.

Mi marido llamó al doctor, quien tras un tacto, me dijo que era una jabata. Había dilatado de tres a diez centímetros en veinte minutos.
¡¡¡Estaba pariendo!!! 
Me llevaron corriendo al paritorio.  

Tras las palabras mágicas del doctor:

- ¡Estás pariendo!

No sentí ningún dolor más, pues mi conciencia volvió a estar en paz con mi cuerpo y relego la prohibición de no parir hasta las nueve de la mañana.

Ya en el paritorio me subieron a la cama de partos. Como no había muchos partos esa noche, creo que sólo yo y otra mujer que aún estaba dilatando,  muchas enfermeras asistieron a mi parto.
Así que estuve todo el rato de cháchara porque cuando me preguntaron:

-¿Qué necesitas? 

Dije que sincronizaran los relojes, quería saber el minuto exacto del parto de mi bebé, así que empezamos a hablar de cartas astrales, Tarot y Reiky
Sólo nos centrábamos en la faena cuando había que pujar.
Ellas me jaleaban que aguantara la respiración y empujara, en tanto lo que me pedía mi instinto era levantarme y gritar.

En las clases de post-parto nos explicaron que la manera de pujar es diferente si llevas o no llevas epidural:

- Con epidural has de tomar aire, aguantar la respiración y apretar
- Sin epidural lo que tienes que hacer es gritar exhalar el aire como cuando levantas una pesa estilo Rocky.

Por lo tanto, otra vez me sentía a disgusto,  otra vez en desacuerdo con lo que me exigían y lo que yo quería hacer. 

No quería estar tumbada. 
No quería aguantar el aire. 

Pero hice lo que me decían... menos en el ultimo apretón cuando salió la cabecita de Héctor, como pude me puse un poco de cuclillas y grite en vez de retener el aire.
Aunque me hicieron parar porque Héctor venía con el cordón al cuello, se lo quitaron, me dijeron que volviera a pujar otra vez y listo... 

Héctor nació a la 1:19 de la madrugada.

Mucho aprendí en ese parto y el parto de Mia fue muy diferente pero ya os lo cuento otro día.


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